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Sin
irnos muy atrás en la historia, durante la década del '90 los conflictos entre
la FEMEDA y la FADA llegaron al punto de juicios, sentencias, idas y vueltas
judiciales, que desperdiciaron demasiada energía, vínculos y prestigio. Al
mismo tiempo nuestros jugadores más fuertes, nuestra antigua y preciada elite,
fue testigo en carne propia de cómo sus probabilidades de salir bien colocados
en los magistrales cada vez eran más remotas, tan remotas como son ahora las
posibilidades de participar en ellos. Visto desde otro ángulo se puede enunciar
que en este período logramos un campeonato mundial juvenil, dos campeonatos
mundiales por equipos en la categoría sub 26, también sudamericanos y títulos
de GM, MI y MF, como nunca hasta entonces. Pero, a la hora de la mayor verdad,
nuestro actual número uno está lejos de pertenecer al grupo de los 100 -para
dar una cifra que antes resultaba por demás exagerada. Y si la cabeza es así,
imaginemos las chances del resto. Mucha energía, vínculos y prestigio se disparó
sin poder alcanzarse una meseta desde la cual serenar los ánimos y planificar
con noción de futuro, y no tener que estar salvando continuas coyunturas.
Ahora nos
encontramos con que la gente de la FEMEDA de los '90 es la esencia de la FADA
del 2000. Recuerdo un chiste de aquella época que decía que los juicios que
algunos dirigentes iniciaban de un lado del mostrador los iban a tener que
pagar ellos mismos cuando estuviesen sentados del otro. La situación que se
hereda es peor que la de un mal juicio, se ubique uno en el sitio que prefiera,
porque ahora ya no hay buenos lugares. Nada quedó virgen. Argentina es Argentina
a lo ancho y a lo largo.
Al nombrar a esos
maestros que son los representantes del nivel y la actividad nacional reflexionamos
en lo poco que pueden cotejar con sus pares de otras naciones y así adquirir
enseñanzas. Hasta el momento existía un ámbito que salvo excepciones era la
salida a la arena magistral, ese ámbito lo conformaban las participaciones
a los mundiales promocionales, los torneos panamericanos y las olimpíadas.
Allí nuestro ajedrecistas podían sentarse ante los mejores jugadores del mundo
y cachetazo va, cachetazo viene, sumar temple y conocimientos. Pero en el
2000, en el primer año de ejercicio de la presidencia de Nicolás Barrera,
esto no fue así.
En distintas
columnas, notas informativas, cartas de jugadores y -por lo que se comenta-
nuevos juicios, se puede tomar conocimiento de una serie de incumplimientos,
demoras y desprolijidades que nos ponen de cara al abismo. No es mi intención
volver aquí sobre tales datos, pero, la manera cómo se llega a los Juegos
Olímpicos discriminando además entre el equipo masculino y el femenino rebalsa
el vaso. Y aquí no se trata de emitir opiniones que buscan más bien castigar
desde afuera ni de hablar de vergüenza. Pero, el panorama se presenta demasiado
desalentador y como en toda relación, cuando las cosas llegan a un punto de
mutua desconfianza y agresiones de ambos lados, poco queda por hacer. Y aquí
veo por una parte a la comunidad ajedrecística con muchos defectos y fallas,
pero que, debido a su magnitud, siempre está en constante movimiento, y por
el otro lado, a la dirigencia, sin representación firme en ninguno de los
segmentos de aquella comunidad con la cual si no se identifica al menos debe
saber seducir y no herirla regularmente.
Tal vez sea el momento de tener un gesto que a la postre los enaltecería:
que la actual Comisión Directiva de la Federación Argentina de Ajedrez presente
su renuncia en pleno y llame a elecciones anticipadas. Dirigir una Federación
Nacional como la nuestra, con un proceso en crisis y magros, por no decir
nulos ingresos, sumado a que toda la sociedad no está en mejores circunstancias-
es una ardua y embarazosa tarea para la cual posiblemente los actuales dirigentes
no están capacitados o no tienen los "contactos" necesarios y el apoyo de
la "gens". Ambos son elementos imprescindibles al momento de tener que solucionar
los inconvenientes que surgen. Dar un paso al costado considero que es el
único camino viable no solo para ellos, sino para la suerte de nuestra Institución
señera y también del ajedrez argentino en todos sus flancos.
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