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¡Murió
el rey, viva el rey! Cuesta aceptar que el ogro de Bakú ya no es quien fuera
por el transcurso de quince años. Tanto cuesta esto y tan desconfiada y suspicaz
ha llegado a ser la opinión pública que en estos días bullen voces que hablan
de tongo, chateos en ICC con discusiones donde aflora un aire de hinchada,
notas de GM donde el que escribe siente que debe hacernos saber que Kasparov
es Kasparov, que un resbalón no es caída, haciendo evidente que la figura
del vencedor no logra romper el encandilamiento.
Se dice que lo de Londres fue entrega pensando en la bolsa que
viene. Es cierto que Garri después de las dudas que dejo su juego en el último
match contra Deep Blue puede hacernos fabular hipótesis de las más variadas
y todas dirigidas hacia un camino común. Esta suma de elementos y juicios
se realiza dejando al margen de cualquier cuestión a la maestría y a la personalidad
de Vladimir Kramnik, figura opaca en comparación a la del ogro; también gris
con sus veinticinco años si contemplamos al Korchnoi retador y rebelde al
sistema, quien a los cuarenta años se las veía regularmente cheek to cheek
frente a Karpov. ¡Hasta Tolia emerge con mejor talante! Estos elementos que
parecen demasiado ajenos, y que sí lo son en el momento de mover las piezas
se diluyen en el imaginario de los espectadores cuando éste trabaja por su
cuenta dejando a un costado datos más que elocuentes, por ejemplo, que de
las casi últimas cien partidas disputadas quizás en el más alto nivel de la
historia del ajedrez- perdió un solo encuentro ante Michael Adams- y que así
y todo triunfó en ese evento. Recordemos que Kasparov no lo vence desde 1997
y que hasta este encuentro estaba 3 a 3 con 18 empates, y que raspando puedo
alcanzarlo en el marcador de un match de ping-pong a 24 juegos, disputado
en dos jornadas, quedando 12 a 12 tras ganar puntos en los encuentros finales.
Sabemos -no sólo por especulación, sino por haberlo observado en la práctica-
que cuando se enfrentan los dos mejores ajedrecistas del momento en una larga
y por todos lados extenuante lucha por el título, los errores que se cometen,
las imprecisiones que comprobamos, los deslices, intercambio de colgadas,
ceguera ante golpes tácticos de aficionado e idas y vueltas en la ventaja,
son ingredientes que no se pueden dejar de mencionar. Luego de las quince
partidas desarrolladas en Londres, donde la tensión alcanza el punto más alto,
tal vez se puedan hacer preguntas básicas en relación a la cuestión principal:
¿Cuántas jugadas merecedoras de un signo de interrogación realizó Kramnik
en todo el desarrollo del match? ¿Y de doble signo de interrogación? No estamos
buscando hablar de máquina de jugar ni de elevar a la categoría de perfecto
a ningún mortal, como en su tiempo sucedió con Capablanca aún cuando no es
casual que aquél sea su jugador preferido, pero, hallar puntos débiles y movidas
realmente flojas en el nuevo Campeón Mundial porque no es ni más ni menos
eso: el nuevo Campeón Mundial- no es tarea que pueda acometerse a la ligera.
Nadie es imbatible, eso lo sabemos muy bien, todos hemos visto
a Tyson rodar por el piso y recibir golpes estando groggy, pero, aún cuando
lo sabemos hasta el hartazgo, construimos argumentos que nos disuaden de ver
la realidad tal como es. El ogro de Bakú no acapara demasiadas simpatías,
pero, así y todo: cómo cuesta aceptar que fue vencido y que ese gigantón de
más de cien kilos le hizo el uno dos y lo dejó tendido en la lona.
Kramnik es el número uno y el resto empieza a ser historia.
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