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Crónica y reflexiónes de las semifinales del Campeonato Argentino
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Del 29 de agosto hasta el 6 de septiembre último, se disputaron en el predio del Centro Recreativo Nacional de Ezeiza las Semifinales del Campeonato Argentino Superior. Este torneo que contó con 53 representantes de 14 federaciones y se festejó a 9 rondas y por sistema suizo clasificó a los ocho primeros jugadores al turno final, a disputarse, posiblemente, en la provincia de San Luis durante las primeras dos semanas del mes de octubre próximo.

Se puede decir y sin exagerar que estas Semifinales comenzaron cerca de dos meses atrás, antes que se pusiera el primer reloj en marcha, al saberse que se iban a realizar en Ezeiza en nueve jornadas consecutivas y sin premios. A ellas estaban invitados a participar todos los jugadores de entidades afiliadas que superaran los 2349 puntos de Elo y seis representantes más por federación -item que tocaremos más adelante. Esta propuesta inicialmente podía hacernos creer que íbamos a tener un abierto que además de reunir a una gran cantidad de jugadores, citara a muchos maestros en su intento de llegar a disputar el turno Final. Pero, no fue así y en este último punto fue todo lo contrario.

Las quejas que en el ambiente empezaron a sonar fueron en síntesis por dos motivos: el lugar -la pretensión general fue que ésta se realizaran en la Ciudad de Buenos Aires- y la falta de premios. Se habló de un espontáneo boicot de los jugadores titulados hacia esta decisión de la nueva Comisión Directiva de la FADA. Los maestros habrían decidido no participar por entender que un torneo de estas características iba contra su profesionalismo.

Si hacemos un esfuerzo y nos ubicamos en la mayor objetividad que podemos alcanzar, consideramos que el proyecto de FADA tenía en su génesis un conflicto de posiciones. Por un lado se solicitaba a los participantes una disposición amateur: que jugasen sin premios en efectivo, no obstante abonar $ 60.- como inscripción. Y a la vez se les pedía que durante nueve días seguidos se avinieran a sentarse ante un tablero a las 16.00 horas en punto y en un predio nacional dentro del Partido de Ezeiza. Esto significaba que si provenían del interior y pagaban $ 100.- en concepto de estadía, se alojaban en el citado lugar por el término de la competencia, de otra manera diariamente debían ir y volver a sus hogares. Unos y otros, bastante fácil es darse cuenta, debían dejar abandonadas sus ocupaciones laborales. Se sumo a estos inconvenientes que sólo había 50 plazas para alojar a los semifinalistas y acompañantes, teniendo prioridad todos aquellos que viviesen a más de 50 kilómetros del predio.

Este panorama previo fue la principal causa de la numerosa deserción entre el grupo de los mejores ajedrecistas de nuestro país que debían disputar esta etapa, llámense estos: Sorín, Zarnicki, Slipak, Tempone o Rubinetti, entre otros.

¿Cómo se esmeró la FADA para compensar estas condiciones que desde un principio no se presentaban como las deseables? Acerca del traslado al predio de Ezeiza, para los que no se alojaban en el mismo, dispuso un micro confortable que diariamente realizaba dos paradas de ida y de vuelta -Once y Liniers- y que solucionó correctamente el problema del transporte. Cabe señalar que por las noches, luego del fin de las rondas, el micro comenzaba su viaje de vuelta a Buenos Aires recién después que los jugadores hubiesen cenado y conocido el fixture del día siguiente. Además de la cena, a los jugadores se los convidaba con una balanceada merienda, que -junto a aquélla- fue una grata sorpresa para todos. Es bueno mencionar que a los visitantes al torneo, en todos los casos, se los invitó a compartir la mesa con los participantes.

El grupo humano que estaba a cargo de la organización siempre permaneció cerca de los jugadores. Esto vale tanto para Juan Luján, que ofició como Director del torneo, hasta Nestor Calúa, que hizo de Coordinador del mismo. No escapándosele a éste ni el menor detalle para hacer cumplir las exigencias de silencio y atención necesarias. Cuando una puerta hacía ruido al cerrarse, inmediatamente improvisaba una solución merced a una cinta de embalaje, si afuera -por las características del recreo aparecían chicos ante los ventanales, era el primero en darse cuenta y pedir que se retiraran o se comportasen sin alterar la calma del ambiente. El equipo de árbitros estuvo integrado por el A.I. Alcires Miguel Calúa como Árbitro Principal y Héctor Fiori y Mariana Trench como Árbitros ayudantes. En ningún momento hubo reclamos relevantes y los apuros de tiempo no trajeron más consecuencia que las habituales. No quedó nada en lo arbitral que sea motivo de polémica. En la misma inauguración, Alcires Calúa indicó que las partidas debían decidirse en el tablero, adelantando que en contadas ocasiones podía tener injerencia un fallo que proviniera del árbitro a pedido de un jugador, como es la habitual solicitud de tablas cuando queda poco tiempo y un bando considera que no puede perder "ajedrecísticamente" en esa posición. El trabajo de este grupo fue completado con la feliz entrega al promediar la ronda del boletín del torneo con todas las partidas incluidas del día anterior. Material estimable tanto para la preparación de las partidas como de documento del evento.

La propuesta de la Federación Argentina de invitar a cada entidad afiliada a enviar seis representantes para intervenir en las Semifinales del Campeonato Argentino Superior de este año, sin distinguir en las plazas otorgadas la población de ajedrecistas activos y la fuerza de los mismos que componen cada federación, tiene ventajas y desventajas. Lo primero que se nos presenta es la facilidad o dificultad que para clasificar observa un jugador cuando evalúa la disparidad general de los rivales que debe enfrentar en una u otra zona. El ranking promedio de los torneos superiores habla por sí solo. Pero, a favor de esta iniciativa hay algo muy importante en especial en un momento tan poco iluminado para nuestro ajedrez. Con esta medida cada federación puede hacer cotejar a seis de sus mejores y promisorios valores de igual a igual en una competencia a nueve rondas donde trabará conocimiento y medirá su maestría. Esta posibilidad traerá aparejados beneficios en todas la fases que hacen al plano deportivo. Para ilustrar esto comento el caso de la Federación de la Provincia de Mendoza que junto a los reconocidos Alejandro Needleman y Jorge Luis Fernández a la postre clasificado al turno final envió al cadete Leonardo Duarte de apenas 13 años tablas en la 5ta. ronda contra el maestro Facundo Quiroga y al juvenil Martín Herrera. Ambos jugadores de buena actuación.

Desde el inicio y al contemplar el listado y ranking de los participantes se podía prever que -salvo alguna sorpresa- el torneo iba a transcurrir con una serie de empates en los primeros tableros, luego de las primeras rondas. El sistema de desempate que por reglamento de FADA se utiliza (Bucholz de 8, se elimina el peor de los 9 rivales), entendemos que favorece a los jugadores de arriba el tranquilo tránsito hacia el fin del evento. Por el corte que se realiza ronda a ronda a efectos del pareo y el ir realizando tablas de maestros en las partidas que -de disputarse- serían de peligro y en muchos casos cruciales, los jugadores más reputados actúan como un equipo que se largara a hacer una carrera de postas teniendo del otro lado y como rivales a individualidades sin ningún apoyo. Es indudable que se clasificaron los mejores y que tener Elo más alto funciona como justificado mérito, pero, el resolverse el desempate en los puestos clasificatorios -los palmares del torneo por Bucholz y haciendo este análisis, no parece ser un buen aliciente para la competencia. Si los desempates fuesen mediante un minitorneo -el cual podría festejarse entre una o dos jornadas, según la cantidad de participantes, y a tiempo menor que el usado durante el evento probablemente el deseo de no caer en esta nueva justa alentaría el tomar riesgos. Otra posibilidad que también llevaría a disputar con más interés las partidas duras es el incentivo de los premios. Este punto tiene el lado débil ya lo sabemos por experiencia de los pozos comunes. Pero, eso es harina de otro costal. Por otra parte, si uno quiere que un maestro se esfuerce es correcto a su vez que ofrezca algo que justifique ese esfuerzo.

Una falencia importante por el lado de FADA -y que deseamos que sea subsanada en el futuro es la falta de un parque de relojes digitales que posibiliten la devolución de tiempo (20 segundos por movida es lo habitual), luego del uso completo del tiempo inicial. Al término de la tercera ronda sucedió un inconveniente en el cual se hace más que evidente que en la actualidad, en partidas de torneo que se disputan a finish, no se pueden emplear los antiguos relojes con sistema mecánico. En el encuentro entre Carolina Luján y Carlos Schuster, en un final de peones h y f por bando más caballo y alfil para Luján y caballo y torre para Schuster estando éste sumamente apurado por tiempo llegó a tomar el caballo blanco, quedando en el tablero mate en una. Luján una jugada antes reclama tiempo, dice que la aguja está enganchada, y ésta en la jugada posterior cae. Resultado final 1-0. Otra historia, muy probablemente, hubiese sido con los relojes que desde 1993 aconseja la Federación Internacional y que son usados en los certámenes oficiales.

Falta decir que el lugar era cómodo, la comida buena y que sería bueno mejorar la
iluminación de la sala donde se disputó el torneo. Aquéllos que participaron finalmente concluyeron dando un visto bueno a los esfuerzos hechos por los dirigentes en un país que navega en una balsa enclenque con un mar embravecido. En el acto final se agasajó a los recientemente triunfadores del Mundial Juvenil por Equipos celebrado en Brasil: M.I. Rubén Felgaer y al Campeón Metropolitano Gastón Varela, y al entusiasta maestro Francisco Benko, que recibió calurosos aplausos de todos los presentes.

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