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Cuenta la
leyenda que Sissa, hijo de Dahir y encargado de educar al príncipe
real, inventó un juego en el cual a modo de instrucción el rey fuera la pieza
principal, pero nada pudiese hacer sin la ayuda de los súbditos. Aquel príncipe,
en gesto de agradecimiento, ofreció a Sissa lo que a éste le antojara. Así
fue como tuvo el sabio una segunda ocasión de enseñar humildad a su discípulo:
pidió un grano de trigo por la primera casilla del juego, dos por la segunda,
cuatro por la tercera y continuó doblando de esta manera la cifra hasta alcanzar
el escaque sesenta y cuatro, el último del tablero de su invención; solicitando
que a la postre la reunión de tales granos le fuese entregada. Esta petición
que inicialmente parece tonta, arroja la cantidad de 18.446.744.073.551.615
de semillas. Nuestro generoso príncipe, a semejanza del síndico de la historia
del flautista de Hamelin, no pudo cumplir con su promesa. Desde ese
origen de leyenda y oscuridad el ajedrez ejerce sobre sus iniciados una fascinación
inagotable.
A Jorge
Luis Borges se le aparecía como un rito. Con este calificativo lo refiere
en su primer soneto consagrado al juego, agregando en otra composición:
También
el jugador es prisionero
(La sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y de blancos días.
Dios mueve
al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonías?
Sirviéndose
el escritor del paralelo con el juego regio para plantear poéticamente su
problemática metafísica. La libertad y el poder que en apariencia ejerce el
hombre en el mundo que ha creado, contrastan con los severos límites que le
impone el universo, mostrándole de este modo la falta de gobierno sobre sus
actos y los acontecimientos.
Con el tiempo
los artistas han pasado a utilizar regularmente la metáfora del ajedrez como
elemento adecuado a sus fines. Contemporáneamente quien tal vez con mayor
difusión realizó esta experiencia es el cineasta Ingmar Bergman en
su film El séptimo sello. En él la muerte disputa una partida contra
Antonius Blok que va a decidir la suerte de este personaje. Y como
el arte vuelve sobre sí mismo al erigirse en fuente, en el poema Ajedrez
del chileno Waldo Rojas hallamos que éste recrea la escena y los motivos
que en ella conspiran, para decirnos:
Antonius
Blok, quien volvía de las Cruzadas, no tuvo en cuenta
que a Dios no le habría gustado el ajedrez
aun cuando de veras hubiera algún día existido.
Thomas
Stearns Eliot, en el segundo poema de La tierra baldía, escribe:
Y jugaremos
una partida de ajedrez,
Apretando nuestros ojos sin párpados, esperando que llamen a la puerta
para remitirnos
luego a Women beware Women del dramaturgo inglés Thomas Middleton,
célebre por su A game at chess. Como se ve es notoria la abundante
cantidad de menciones que se hacen del juego de ajedrez, apoyándose en él
tanto como símbolo y metáfora o como simple pasatiempo que mantiene su presencia
en los hechos humanos.
Podemos interrogarnos,
siendo acordes con el tono de este artículo: ¿qué hay con los jugadores de
ajedrez, al margen del ajedrez? El Dr. Reuben Fine que en su momento
fuera candidato al campeonato del mundo y, por otra parte, un notable psicoanalista
e historiador de esta disciplina nos habla sobre esto en su ensayo Psicología
del jugador de ajedrez. En ese trabajo cuenta, entre otras cosas, que
el Gran Maestro polaco Akiba Rubinstein sufría la idea paranoide de
ser perseguido, y que "si un desconocido entraba en su habitación, Akiba
Rubinstein salía corriendo o incluso se arrojaba por una ventana". De
Wilhelm Steinitz, que fuera Campeón Mundial en el siglo XIX, nos comenta
que decía estar en comunicación directa con Dios y que podía darle la salida
y peón de ventaja y, no obstante, ganarle.
Pero, no todos los casos son como éstos, aun cuando siempre esté viva esa
fascinación de la cual hablábamos en el comienzo, eso que hace decir al Gran
Maestro danés Bent Larsen que el ajedrez es "una hermosa amante
a la que volvemos una y otra vez, sin que importen las muchas veces que nos
rechaza". No son menos elocuentes las palabras dichas a modo de confesión
por el Campeón Mundial de la PCA, Garri Kasparov, cuando nos relata
su propio inicio en el juego: "... y yo creía haber llegado a un país
encantado, al país encantado de las piezas de ajedrez".
(1) Ajedrez
al margen del ajedrez fue publicado por primera vez el domingo 13 de mayo
de 1990 en el Suplemento Cultural del periódico La Prensa; posteriormente,
en el mes de junio de 1994 lo divulgó el mensuario Ecos de Palermo.
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