ACUERDO DE PARTES
En un todo de acuerdo con los emails intercambiados entre Jorge Güelman y Adrián Roldán, donde éste último ofreciera la oportunidad a Jorge Güelman de publicar en su sitio, AS21 – Ajedrez Siglo 21 (www.ajedrezsiglo21.com), una carta en carácter de “derecho a réplica” en respuesta a la nota publicada el 28 de febrero de 2008 en el mencionado sitio de Internet, bajo la denominación de “Güelmangate” conteniendo el “Reportaje a Daniel Alpern” y la “Carta de descargo de Daniel Alpern ante la Comisión Directiva del Club Argentino de Ajedrez”; como así también una carta en carácter de “derecho a réplica” en respuesta al reportaje a Arón Schvartzman publicado el 2 de marzo de 2008, Jorge Güelman hace entrega en este acto de los textos de sus dos notas, la cuales serán publicadas sin modificaciones dentro de las 24 hs. de su recepción.---
Se deja constancia que las cartas serán distribuídas a todos los listados de suscriptores de AS21.---
A tal fin, se firman dos ejemplares de un mismo tenor y a un solo efecto, en la Ciudad de Buenos Aires, a los 3 días del mes de mar zo de 2008.---
Firmado por Jorge Güelman y Adrián Roldán |
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Buenos Aires, 31 de enero de 2008.
Sres. miembros de la Comisión Directiva del Club Argentino de Ajedrez:
En mi ubérrimo historial como asociado del querido Club Argentino de Ajedrez he realizado innumerables escritos; éste se diferenciará de todos ellos: habrá de ser el más acerbo para mí.
Así, habré de responder a sendas cartas documento confeccionadas por quien en el pasado fue mi mejor amigo y hoy es mi declarado enemigo: el Sr. Gonçalves -aún en la carta firmada por los Sres. Güelman y Heinecke tanto el estilo de la redacción como la letra manuscrita del Sr. Gonçalves son inconfundibles-.
El Sr. Gonçalves debería excusarse de participar en todo debate de la Comisión Directiva que concierna a mi persona; de ningún modo debería instilar su animadversión indisimulable en insidiosos escritos y menos aún debería impartirme arbitrarias sanciones subitáneas que no están contempladas por nuestro estatuto social: sepan el porqué.
Entre 1998 y 2000 compartí con el Sr. Gonçalves un mismo ideario político para la conducción de nuestro amado Club Argentino. Estrechamos lazos amistosos, festejé Navidades con él y su familia y...me aconsejó, con hábiles artes, prestarle buenas sumas de dinero a su suegro y a su cuñado. Del cuñado no recuperé ni un centavo y del suegro me quedaron cheques sin cobrar... Finalmente, tuve que iniciar acciones legales por un pagaré impago de 6000 dólares contra el suegro del Sr. Gonçalves -Juan Carlos Godoy- y su socio -Agustín Segovia Fernández-. El Sr. Gonçalves me convenció de ir, en principio, sólo contra los bienes del Sr. Segovia; así, me representó un abogado del estudio del Sr. Gonçalves -Gabriel Forastieri- y el mismo Sr. Gonçalves -junto a otros abogados allegados- figuraron en nuestros escritos como autorizados para diligenciar mandamientos de embargo. Cuando cambié de abogado fui aconsejado de ir también contra el suegro del Sr. Gonçalves. Éste fue capaz de eludir una "batería" de mandamientos por casi un año, hasta que falleció. El expediente judicial cambió de fuero: fue atraído al de la sucesión del finado. Así, a la suegra, el cuñado y la esposa del Sr. Gonçalves se sumó el mismísimo Sr. Gonçalves como abogado patrocinante de los nombrados -¡curiosa ética profesional... comienza el juicio de un lado y después se pasa al opuesto!-. La estrategia del Sr. Gonçalves fue la de negar la firma de su difunto suegro en el pagaré: invocó un accidente cerebro-vascular acaecido en 1997 que le habría producido una hemiplejía del lado derecho, con el consecuente impedimento de firmar documento alguno desde entonces. En el expediente consta cómo en 1999 el Sr. Gonçalves firmó junto a su suegro y el socio de este último, Segovia, un acta notarial para la formación de una sociedad -"Dios los cría y ellos se juntan..."-, por lo que todo su argumento es desfachatadamente mendaz -los cheques y el contrato de mutuo que el suegro del Sr. Gonçalves me firmó también son posteriores a esa falaz incapacidad alegada-. En sus escritos en la causa el Sr. Gonçalves no ahorra insinuaciones calumniosas hacia mi persona, tales como que el documento habría sido fraguado por mí, movido por un afán defraudatorio...
Ése, señores, es el Sr. Gonçalves: comprenderán por qué jamás volverá a ser mi amigo. Dénse cuenta hasta dónde es capaz de llegar...
Para los que deseen más detalles les informo que la causa está caratulada "Alpern, Daniel Marcelo c/ Segovia Fernández, Agustín y otro s/ ejecución". El expediente es el N° 119746/04 y tramita en el Juzgado Nacional en lo Civil N° 5 (fuero de atracción por la sucesión de Godoy; originalmente el expediente tramitó con el N° 69895/2001 en el Juzgado Nacional en lo Comercial N°1, Secretaría N°1), Secretaría Única, Talcahuano 490, 2do piso.
Quizás alguno de ustedes no me conozca lo suficiente. Les contaré un poco de mí en lo atinente a mi pasada actividad como ajedrecista.
Soy maestro de la Federación Internacional de Ajedrez.
También soy socio vitalicio y socio benefactor del Club Argentino de Ajedrez. Con mis donaciones se construyeron los baños hoy habilitados en la planta baja. También mis fondos contribuyeron a la instalación de tres extractores de aire en sendas salas del primer piso.
Dirigí competencias de acertar jugadas y pagué los premios con la condición de brindarle esta actividad en forma gratuita a los socios.
Representé al Club Argentino cuando ganamos el Campeonato Metropolitano Juvenil por Equipos en 1983.
Representé al Club en el Campeonato Metropolitano Superior por Equipos de 1984, junto –entre otros- al presidente Raúl Cruz.
Gané, entre tantos torneos jugados en el Club, el “Recordación Paulino Alles Monasterio” de 88 participantes.
En sendas simultáneas brindadas en el Club Argentino por campeones del
mundo vencí a Mikhail Tal en 1991 y entablé con Vassily Smislov en 1990.
Fui miembro de la Comisión Directiva del Club entre 2002 y 2004; entre otros cargos desempeñé el de Secretario y el de Secretario de Actas.
Traje al legendario gran maestro Bent Larsen –amigo mío desde 1986- al Club para que impartiera clases; lo hizo entre el 2001 y el 2002. El último maestro de talla mundial en enseñar en nuestra Entidad fue Alekhine, en 1926.
Representé al Club al impartir una conferencia en la Casa de Rusia, con motivo de los 110 años del nacimiento de Alexander Alekhine.
Desde 1991 jugué para la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en matches contra entidades tradicionales como el Jockey Club de Buenos Aires, el Círculo Militar, el
Centro Naval, el Círculo de la Fuerza Aérea, el Centro de Oficiales de las Fuerzas Armadas –donde inauguré junto al maestro Jorge Rubinetti la actividad ajedrecística de la entidad- y la Bolsa de Comercio de Mar del Plata, entre otras.
Desde 1992 soy el campeón de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires de forma casi ininterrumpida.
He escrito artículos de investigación sobre ajedrez histórico en las más diversas publicaciones.
Dirigí tres representaciones de partidas de ajedrez viviente en el Centro Cultural Recoleta, con vestuario del teatro Colón: en 1997, entre Fernando de la Rúa y Garry Kasparov; en 1998, entre Enrique Olivera y Bent Larsen; y en 2000 representé la “partida inmortal polaca”, con una de las hijas de Miguel Najdorf y otro familiar de éste.
Pasaré ahora a exponer los hechos acaecidos en el Club el 23 de noviembre pasado.
Hechos.
El viernes 23 de noviembre de 2007 vine al Club Argentino en compañía de mi amigo Kirkor Simsiroglu, un importante empresario textil. Estuvimos viendo por un rato el desarrollo de algunas partidas del torneo de ajedrez rápido que tenía lugar en la planta baja.
Luego, recordé que los viernes la biblioteca estaba abierta para consultas de los asociados. Decidí visitarla por una poderosa razón: me había enterado -como muchos- de ventas recientes al extranjero de libros desaparecidos de nuestro club a través del sitio internacional de remates "Ebay"; me impuse, en calidad de socio consciente, dar vista a los volúmenes remanentes y mensurar -en lo que fuera posible- la pérdida.
Lo primero que noté a mi llegada fue una ostensible merma en la cantidad de libros respecto de los que había en 2004, año en que dejé de ser directivo de nuestra institución. Tal disminución, en principio, no me sorprendió, pues sabía que muchos de esos libros habían sido trasladados posteriormente al tercer piso por orden del Sr. Güelman, en sentido contrario a lo resuelto por la Comisión Directiva de la que formé parte: esto es, el inmanejable número de volúmenes para el espacio tan reducido de la salita del segundo piso nos llevó a decidir -con mi voz cantante- la expansión de la biblioteca con la suma de las otras dos piezas contiguas -las cuales ya no se alquilarían a la Federación Metropolitana de Ajedrez, que debería contentarse con un espacio en el piso superior-; el tercer piso fue desechado para los fines de biblioteca, pues las filtraciones pondrían en serio riesgo tal invaluable material histórico. En este punto luché inflexible en las reuniones de la Comisión Directiva y fue alguno de los contados éxitos que allí conseguí respecto de aunar voluntades contra el criterio dominante y esquivo al debate del Sr. Güelman; cuando cesó mi mandato impuso, como casi siempre, su parecer y lo resuelto fue dejado de lado. Hoy vemos, con la trágica e irrecuperable desaparición de innumerables volúmenes, cuán desacertada fue su posición.
En fin, continúo: pedí a la niña de 16 años de edad Venezia López Nocera, que obra como bibliotecaria del Club por decisión del Sr. Güelman, algunos títulos característicos de nuestro acervo bibliográfico; me centré, para comenzar, en los libros de torneos clásicos en sus primeras ediciones. De inmediato, noté que la citada niña no tenía ni la mínima noción de lo que le estaba demandando: desconocía completamente numerosos sucesos trascendentales de la historia del ajedrez; asimismo, no entendía la importancia de una primera edición, tirada limitada y antigüedad en una pieza bibliográfica. A consecuencia de esto, cada pedido de tal o cual título recibía una respuesta cándidamente disparatada. Verbigracia: me aconsejó buscar “Londres 1899” –uno de los más grandes torneos de todos los tiempos; el libro del certamen fue editado en esa ciudad a los pocos meses - en... ¡los tomos de recortes de periódicos que en su momento compiló el Club! 1) El Club se fundó en 1905 y, obviamente, la compilación de los recortes es posterior; 2) en los recortes es imposible encontrar el desarrollo de todas las partidas de torneo alguno; y 3) ¡yo estaba buscando el ejemplar de la primera edición –referida ut supra- que siempre estuvo en la biblioteca! Huelga todo comentario...
La niña no pudo encontrar ninguno de los muchos libros que le solicité: yo era sabedor –tanto como varios caracterizados socios y renombrados maestros- que la biblioteca contaba con esos títulos de gran importancia histórica hasta hace meses.
Finalmente, la niña me señaló tres pequeños anaqueles: -“Ahí están todos los libros de torneos de la biblioteca”. Le respondí que se había olvidado de los volúmenes almacenados en el tercer piso. A eso, Salvador Fernández Díaz, que se encontraba junto a nosotros, replicó: -“¿No lo sabías? El tercer piso fue vaciado por orden del Presidente –con posterioridad, varios testigos acreditaron tal aserto-. Salvo unos pocos libros que quedan en Presidencia, todos los demás están en este cuarto. Mirá, éstos son todos los de torneos”. Un ramalazo de horror me invadió: yo había estado hacía días en Presidencia y la cantidad de volúmenes que allí se podía apreciar era verdaderamente exigua, pero lo irremediablemente trágico era el insignificante número de libros de la piecita del segundo piso en la que estábamos conversando; esa piecita había sido el espacio inhabitable que desbordaba de ejemplares en el 2004... En consecuencia: ¡miles de libros de la biblioteca habían desaparecido!
Volví la vista a los modestos tres anaqueles que contenían el material de torneos... ¡no pude encontrar ni un solo volumen de valor de los tantísimos que siempre hubo, editados entre fines del siglo XIX y comienzos del XX! ¿Qué ha quedado, entonces? En su mayoría, pedestres publicaciones argentinas posteriores a 1940 que no revisten mayor interés para el bibliófilo. ¡La inmensa pérdida no sólo puede medirse en cantidad, sino también –y por sobre todo- en calidad!
No me ha sido dado encontrar, tampoco, lo mejor de las colecciones de revistas internacionales históricas que siempre han engalanado la biblioteca del Club y otrora hicieron las delicias del entendido.
Yo sabía que hasta el año 2000 el catálogo de los volúmenes de la biblioteca estuvo contenido en un fichero de tarjetas. Desde que el Sr. Güelman –a partir de ese año- ha estado presidiendo la Comisión Directiva del Club tal listado se informatizó y se fue actualizando periódicamente. Entonces, pedí a la niña ver el catálogo de los libros en la computadora: como era de esperarse, infinidad de títulos faltantes fueron expresados en la pantalla.
Le pregunté cómo podría hacer para tener una copia del listado; así sería más fácil realizar un pormenorizado análisis de la situación. Me dijo que el modo más simple de acceder a una copia sería a través de un diskette; me sugirió que le pidiera uno a la empleada Laura García y que me apurara, pues ya eran casi las 21:00, fin del horario de atención al socio en la biblioteca.
En Secretaría le solicité un diskette a la empleada García; le expliqué el motivo que ameritaba tal petición. Me respondió que no tenía ninguno libre a mano, pero que si yo conseguía la autorización del Sr. Güelman ella podría salir a comprar una caja. Fui, entonces, a la sala de torneos donde el Sr. Güelman jugaba una partida de ajedrez rápido. Le susurré al oído lo expresado por la empleada García y me respondió que esperara a que terminara su juego. Le dije que eran casi las 21:00 y que la bibliotecaria aguardaba para hacer la copia. A eso el Sr. Güelman me respondió: -“Está bien”. Estaba claro como el cristal que “está bien” implicaba una aprobación a lo peticionado. Luego, informé de esto a la empleada García, quien compró la mentada caja: de ahí le pedí dos diskettes, pues una copia quería dársela al Sr. Güelman para que la estudie tras unas observaciones de mi parte. Una vez en la biblioteca, la niña a cargo hizo las dos copias. A continuación, ella recibió un llamado de la empleada García: le informaba que el Sr. Güelman no había autorizado ni la compra de la caja de diskettes –obviamente se desdijo- ni las dos copias del listado de libros –no corresponde la solicitud de ningún permiso especial para acceder a la copia de un listado que es público y de libre consulta para los asociados-. Bajé de inmediato con la niña para interpelar al Sr. Güelman.
Una vez en la planta baja, busqué a todos los miembros de la Comisión Directiva que pude para hablar, junto con el Sr. Güelman, de la trágica merma de volúmenes de la biblioteca. El Sr. Bibiloni se excusó y se alejó.
Entramos a la Presidencia el Sr. Güelman, el Sr. Gonçalves, la niña López Nocera, el Sr. Norberto Rial –ordenanza, aunque ex bibliotecario del Club-, mi amigo Kirkor Simsiroglu y yo.
Le expuse a los presentes lo comprobado hasta entonces por mí: que los libros más valiosos ya no estaban en la biblioteca y que la pérdida –sin exageración- podía elevarse a miles de unidades. El Sr. Güelman alegó que siempre hubo robos de libros en la historia del Club. Le respondí que eso era cierto, pero que nada podía compararse con lo observado por mí anteriormente, ni en cantidad ni en calidad. Además le subrayé el hecho que a 2004 la biblioteca estaba desbordante de ejemplares; luego, por la caprichosa decisión de él de hacer subir infinidad de libros al tercer piso y del vaciamiento de ese espacio hace pocos meses, sumado a la mala conservación del material y a la falta de una debida custodia del mismo, hoy queda lo que queda: el catálogo de libros de la computadora de la biblioteca –confeccionado durante su gestión- exhibe cual mudo testigo infinidad de títulos, faltantes al presente.
Entonces, ofuscado, el Sr. Güelman me preguntó repetidas veces si estaba acusando de robo a la Comisión Directiva o a su persona. Le respondí que no acusaba a nadie de robo, pero que tanto a él como a la Comisión Directiva les cabría deslindar las responsabilidades respecto de un hecho que, a mi modo de ver no tiene -por su gravedad- parangón en la historia del Club Argentino de Ajedrez: la pérdida irremisible de lo más caro de su identidad cultural. ¡Casi 103 años de tesoros históricos irrecuperables, celosamente acumulados por generaciones de benefactores, en pocos meses desaparecidos para siempre!
Siempre en tono crecientemente hostil, el Sr. Güelman me exigió que le entregara los dos diskettes. Le dije que una copia fue hecha para él -como fue referido ut supra-: se la di sin más. Me pidió vehementemente la otra copia: me negué a entregársela. Le dije que el listado de los libros es público para los socios del Club y que se estaba extralimitando en su cargo. Yo no actué con malicia en ningún momento: no fui a comprar secretamente un diskette. Todo lo hice a la vista de la mayor cantidad de personas posible; mi amor al Club Argentino guió mis pasos.
Para no extenderme más, concluyo la narración de los hechos en pocas líneas. Salimos de la Presidencia; el Sr. Güelman, fuera de sí, volvió a exigirme la entrega del diskette. Ante mi negativa, me tomó fuertemente del cuello; parecía un “poseído”. Logré substraerme de tal comprometida situación y le dije que iba a llamar a la Policía.
De inmediato, me fui del Club en compañía de mi amigo Kirkor Simsiroglu, quien apenas podía creer la violenta escena que acababa de presenciar. No recorrimos más de tres cuadras en su Mercedes Benz; estacionó. Todavía conmocionado, me dijo: -“No busques a la Policía. Ese tipo es peligroso; dále el diskette”.
Volvimos al Club. En la calle, a la entrada del mismo, estaban los Sres. Güelman y Gonçalves junto a la empleada García y algunos circunstantes. Me dirigí al Sr. Güelman y le dije que por las acciones ocurridas hacía minutos – en las que se hacía evidente que se procuraba más “salvar el pellejo” que aclarar lo sucedido con el vaciamiento de la biblioteca- temía que el catálogo que obra en la computadora sea completamente borrado. El Sr. Güelman me aseguró que eso no sucedería y que le entregara el diskette a la empleada García, si ella me inspiraba mayor confianza. Se lo di, entonces, a ella –aunque sabía que por su relación de dependencia laboral su persona no expresaría sino una extensión de la voluntad del Sr. Güelman-. A continuación, el Sr. Güelman me palpó a la vez que decía: -“¿no habrás sacado otra copia?” No contento con este enésimo vejamen a mi persona, me informó que tenía prohibido el ingreso a las instalaciones del Club y que debía retirarme de inmediato. Tal prohibición excede toda atribución contemplada en el estatuto social.
Harto de las actitudes “neronianas” del Sr. Güelman, en la conciencia de ser –como en el pasado- blanco en lo sucesivo de una implacable persecución política por mi denuncia comprometedora, y en virtud de lo excepcionalmente grave de los hechos expuestos y en la seguridad de que sería aislado del resto de los socios para que no conocieran la verdad, antes de retirarme del Club me dirigí a la sala de juego y en escasos segundos les impuse a los presentes de las terribles nuevas: ¡casi 103 años del patrimonio cultural del Club Argentino se habían perdido para siempre!
Y así, con mi amigo Kirkor Simsiroglu, nos retiramos del devastado Club Argentino amado.
Descargo.
Ustedes bien saben que nuestro Club es dirigido y administrado por un cuerpo de doce miembros: la Comisión Directiva. La acción de dirigir y administrar no recae en una persona tal como, por ejemplo, en el Poder Ejecutivo de la Nación. Luego, las decisiones intempestivas tomadas por uno o dos de sus integrantes, fuera de una reunión de Comisión Directiva que cuente con el debido quórum, carecen de toda entidad. Así, sólo la carta documento del 11 de diciembre –de la que di vista el 21 de ese mes-, firmada por los Sres. Güelman y Heinecke, en nombre de la Comisión Directiva –tras una reunión de ésta- valida, siendo indulgentes, la carta documento del 24 de noviembre, firmada por el Sr. Gonçalves, y enviada a título personal. Así, pues, habré de responder a esta última... ¡aunque la primera también haya sido escrita por el Sr. Gonçalves!
Escribe el Sr. Gonçalves: “Debido a los sucesos que Ud. generó en la calidad de socio la noche del día 23 de noviembre de 2007 en las instalaciones de nuestro Club Argentino de Ajedrez ante innumerables testigos, que culminó con la presencia de la Policía Federal Argentina minutos después que Ud. se retirara, inconducta notoria que engendró un escándalo sin antecedentes en desprestigio del Club, a saber:”...
¡El odio que me profesa el Sr. Gonçalves es indisimulable en este párrafo inaugural! ¡Somos los socios, Sr. Gonçalves, los que fuimos víctimas de una superlativa “inconducta notoria que engendró un escándalo sin antecedentes en desprestigio del Club, a saber:” desaparecieron –parecería ser- durante su gestión todos los volúmenes de valor de la biblioteca, Sr. Gonçalves! ¿Por qué omite este hecho en su escrito, Sr. Gonçalves, si usted estuvo presente en la reunión en la que di –ver Hechos- un detallado parte de la tragedia? Así que vino la Policía... dado que no la llamé yo –ver Hechos-, decidieron llamarla ustedes, ¿verdad? En fin, veamos cuáles son “los sucesos” que yo “generé”.
...”1) Ordenó a la secretaria Sta. Laura García la compra de diskettes aduciendo que falsamente estaba autorizado por el presidente;”...
¡Vaya, vaya! No sabía que la señorita García fuera una santa, Sr. Gonçalves... lo tendré en cuenta a la hora de los ruegos. En fin, disculpe que observe de nuevo su magistral escritura, Sr. Gonçalves: ¿le parece lindo “aduciendo que falsamente estaba autorizado”? ¿ No le gusta un poquito más “aduciendo falsamente que estaba autorizado”? Su versión se presta a interpretaciones risibles que sólo prefiero sugerir...
Mi respuesta al punto 1 pueden encontrarla en Hechos: ver el –“Está bien” dicho por el Sr. Güelman.
...”2) Ordenó a la bibliotecaria Sta. Venezia que haga dos copia (sic) del listado de libros manifestándole que falsamente estaba autorizado por el presidente, violando además la resolución de Comisión Directiva del procedimiento de biblioteca;”...
¡Otra santa en el Club Argentino...! ¡Cuidado con el abuso en el uso de los gerundios, Sr. Gonçalves...! ¿”Manifestándole que falsamente estaba autorizado” o “manifestándole falsamente que estaba autorizado”, Sr. Gonçalves? Mmm...
Le recuerdo que el mentado listado de libros es de acceso público para los socios y no requieren de un permiso especial, Sr. Gonçalves; no estamos en un régimen stalinista. Yo fui Secretario y Secretario de Actas en la Comisión Directiva del Club, Sr. Gonçalves: no invoque imaginarias “resoluciones del procedimiento de biblioteca”. Asimismo, lo reconvengo, Sr. Gonçalves, a que no ponga palabras suyas en mi boca: “manifestándole que falsamente estaba autorizado por el presidente”... ¿No se da cuenta que sólo se ensucia usted con esa actitud? Lo mismo rige para el punto 1.
...”3) Se apoderó de los diskettes propiedad del Club con la información mencionada retirándose con ellos fuera de la institución;”...
Parece que no se priva de nada, Sr. Gonçalves... Ahora me acusa de robo o, al menos, de hurto... deben de gustarle mucho las películas o, con mayor propiedad, las proyecciones... Usted vio cómo le di el primer diskette de inmediato al Sr. Güelman pues, como puede verse en Hechos, la copia había sido realizada para él: luego, al expresar “retirándose con ellos fuera de la institución”, es desfachatadamente mendaz. Le recuerdo además, que los dos diskettes quedaron finalmente en el Club, tal lo expresado en Hechos. Respecto de “la información mencionada” lo remito al punto 2... ¡ No estamos en la U.R.S.S., Sr. Gonçalves...! Además, ¿por qué tiene tanto interés en que no se posea información alguna del material que había en la biblioteca? ¿Es posible seguir negando la realidad, Sr. Gonçalves? La información está en conocimiento de muchos socios...
...”4) Descalificó la idoneidad de la Sta. Venezia para desempeñar su cargo;”...
Los detalles en torno a este punto pueden apreciarse debidamente en Hechos. Miré, Sr. Gonçalves, sé perfectamente que la niña descolló en algunos torneos infantiles; estoy al tanto. Empero, para ser bibliotecario se requiere una preparación técnica mínima de la que la simpática y voluntariosa niña carece por completo –insisto: ver Hechos-.
...”5) Perturbó el desarrollo del torneo que se disputaba en el salón de la planta baja provocando desórdenes graves;”...
De poco le sirven las hipérboles de vuelo gallináceo.
Remitirse a Hechos. Allí está todo aclarado.
...”6) Increpó al presidente de la entidad faltándole el respeto a su persona y a la investidura que ostenta;”...
Niego lo que aquí se afirma: fue a mí a quien se le faltó, de indecibles modos, el respeto y mucho más –tal como puede apreciarse, en todo detalle, en Hechos-.
Asimismo, le recuerdo al Sr. Gonçalves que la “investidura” es una dignidad reservada a Papas, emperadores, reyes y jefes de Estado de excepcional relevancia.
...”7) Acusó de negligencia a la Comisión Directiva en el cuidado del patrimonio histórico del Club;”...
...”8) Acusó a los miembros de Comisión Directiva de ser responsables por hurtos y robos de libros de la biblioteca;”...
¡La desvergüenza en la tergiversación de mis dichos, tanto en forma como en espíritu, no tiene medida! ¿No tiene temor de Dios, Sr. Gonçalves?
Tal como puede observarse en Hechos, ante la reiterada pregunta del Sr. Güelman respecto de que si yo acusaba a la Comisión Directiva o a la persona de su Presidente de robo de los libros de la biblioteca respondí: -“No acuso a nadie de robo; simplemente señalo que le cabe tanto al Presidente como a la Comisión Directiva deslindar las responsabilidades en relación con un hecho que, a mi modo de ver no tiene -por su gravedad- parangón en la historia del Club Argentino de Ajedrez: la pérdida irremisible de lo más caro de su identidad cultural. ¡Casi 103 años de tesoros históricos irrecuperables, celosamente acumulados por generaciones de benefactores, en pocos meses desaparecidos para siempre!
...”Lo intimamos a que en un plazo de 48 horas:”...
El estatuto social no contempla plazos para ejercer el derecho de defensa. Éstos deben adecuarse a la dificultad que los cargos impongan. Por ejemplo, la carta documento que aquí le respondo –carta, por cierto, pésimamente redactada y sin fundamentos, pero cargada de asertos falsos, inexactos y maliciosos- puede asemejarse a un campo minado, que obliga a realizar pasos sumamente lentos y meditados para no perecer por la trampa soterrada.
“I – Ratifique o rectifique sus dichos en relación a los puntos 7 y 8 bajo apercibimiento de iniciar querella criminal por calumnias e injurias;”...
¡Lo que acabo de expresar aquí se aprecia con nitidez! Me invita a ratificar o rectificar sobre patrañas que usted pone en mi boca, producto de un odio quizás rayano en lo enfermizo.
Ratifico lo expresado en la respuesta a los puntos 7 y 8.
“II – Presente un descargo para ejercer su legítimo derecho de defensa sobre los puntos 1 a 5;”...
Prefiero hacerlo sobre todo su lamentable escrito... ¡No omita maliciosamente el punto 6 para darlo por cierto, Sr. Gonçalves!
“III – Presente cualquier tipo de pruebas si Ud. tiene conocimiento de la comisión de delitos en el Club y en su caso realice la denuncia correspondiente.”...
¿Usted para qué está, Sr. Gonçalves? Corresponde a quienes administran el Club encargarse de estos asuntos. Espero que lo que expuse en Hechos lo inspire para realizar la tarea adecuadamente, Sr. Gonçalves...
“Por lo tanto en virtud del artículo 14 de los estatutos en vigencia, le comunicamos que queda suspendido en forma preventiva de ingresar en las instalaciones del Club hasta tanto se reúna a la brevedad la Comisión Directiva y examine la situación.”
“Queda Ud. debidamente notificado.”
“Buenos Aires 24 noviembre de 2007.”
Firma: “Dr. Claudio Javier Gonçalves
Vicepte. Club Argentino de Ajedrez
DNI nº 14.884.647
¡La arbitrariedad final! Le informo, Sr. Gonçalves, que la “suspensión preventiva” es una figura no contemplada por el estatuto social. Éste expresamente determina cuáles son las sanciones previstas. Si el disparate inventado por usted se hiciera efectivo -como sanción- no tendría lugar el derecho de defensa.
Deseo indicar que una copia de la infamante carta documento que acabo de responder fue colocada por usted, Sr. Gonçalves, en la cartelera de la sala de entrada –durante una semana entera- para escarnecerme ante los socios del Club. Ya en su momento usted deberá rendir cuenta –no lo dude- de esa afrenta pública.
Amén de tamaña vileza, le señalo que la carta documento firmada por los Sres. Güelman y Heinecke, pero redactada por usted, Sr. Gonçalves, persiste en el alejamiento de la letra del estatuto social al obstinarse en el sostenimiento de una persecutoria sanción preventiva.
La actitud hostigadora hacia mi persona del Sr. Gonçalves tiene el complemento perfecto en la figura del Sr. Güelman. En Hechos esto queda absolutamente claro: recuerden cómo el Sr. Güelman pretendió prohibirme el ingreso a las instalaciones del Club en razón de haber puesto al descubierto la tremenda magnitud de la pérdida que hirió de muerte a la histórica biblioteca. ¿Qué mensuró al pretender mi apartamiento? ¡Las consecuencias que implicaría el conocimiento público del desastre...!
La persecución política del Sr. Güelman a mi persona data de la época en la que fui Secretario de la Comisión Directiva. El Sr. Güelman no podía soportar que nadie que no fuera él brillara, siquiera con la más tenue lumbre.
Así, en el nonagésimo noveno aniversario de la fundación del Club me tocó organizar los fastos: se suponía que el Sr. Güelman pasaría la Semana Santa en Punta del Este. “Cayó” de modo imprevisto y, al momento en que yo dirigía la palabra a una concurrencia que superaba la centena, la esposa del Sr. Güelman comenzó a abuchearme y a realizar aplausos para ridiculizarme. Luego, la fina señora musitó: -“Finíshela: es la voz del pueblo”.
En las reuniones de Comisión Directiva casi siempre tomaba la posición contraria a la mocionada por mí.
Cuando organicé un homenaje a la memoria del recordado Dr. Casco, traje una grabación con su voz en la que contaba cómo adquirieron la casona que hoy es sede de la Entidad, en tiempos en los que él era Tesorero de la Comisión Directiva: el Sr. Güelman impidió la difusión de la cinta tras ponerme en ridículo.
Al Sr. Guillermo Lucio, empleado ejemplar –que anteriormente había sido socio por más de 20 años-, lo echó de su puesto de trabajo con el siguiente argumento: -Sos un buen elemento, pero sos un “quintacolumnista” de Daniel Alpern. Lo siento; si no fueras su amigo conservarías el empleo”.
Al ex empleado Emiliano Albornoz lo sorprendió intercambiando palabras conmigo y le espetó: -“Ojo con hablar con ése; así no vas a durar”. Al tiempo lo echó y al Club le costó miles de pesos de indemnización.
Esa actitud opresiva la ha sostenido siempre el Sr. Güelman con quienes no le fueran rendidamente adictos, tanto socios como empleados.
Así, en todas las Comisiones que formó el grado de deserciones fue siempre muy alto en virtud de la forma unipersonal en la que invariablemente encaró la conducción.
Una de sus “guerras santas” la sostiene sin tregua contra mi persona. Cuenta ahora en el Sr.
Gonçalves con un aliado –por lo expuesto al principio de este escrito-.
Les pido, entonces, que evalúen la actitud de estos señores y las razones por las que alego ser víctima de una persecución personal y política: no se plieguen ciegamente a ellos.
Me duele profundamente que yo, por amar tanto al Club y tratar de proteger en lo que me es posible su patrimonio sea objeto de esta vil cacería: el orden de las cosas está dado vuelta.
Dejo sentado que hago reserva de mi derecho a accionar ante la justicia, tanto civil como penalmente por los conceptos calumniosos vertidos contra quien esto escribe y por las posibles consecuencias de la incansable persecución de la que soy objeto.
A continuación, les transcribiré un interesantísimo texto firmado por el Sr. Güelman, en carácter de Presidente del Club Argentino de Ajedrez y el Sr. Norberto Rial, en calidad de Bibliotecario e Historiador de la misma Asociación.
“Buenos Aires, Julio de 2006”.
“A quién (sic) corresponda”.
“El presidente del Club Argentino de Ajedrez, Sr. Jorge Guelman (sic), y quien se encuentra encargado de la biblioteca del Club, siendo además historiador del mismo, Sr. Norberto Rial, dejan constancia que el reloj que se encuentra en la actualidad en el Museo del Club, fue el reloj oficial usado durante el Match por el campeonato de mundo celebrado en el año 1927 entre los maestros José Raúl Capablanca y Alexander Alekhine y sólo podría ser vendido con autorización expresa de la asamblea de socios de nuestra entidad”.
“Asimismo hacen constar que el reloj marca Jaques of London, modelo Congreso Chess Timer que adquirieran al Club los señores Berky Bendeck y la Srta Courtney Baldridge, formó parte de los relojes oficiales de ese Match de acuerdo a información transmitida por socios de aquel entonces”.
Corona el escrito el membrete del Club Argentino; al pie, el sello oficial.
Les adjunto una fotocopia de este documento, uno de los tantos que poseo en copia.
Qué maravilla, ¿no? Permítanme hacer algunas observaciones.
La Asamblea General de socios de 2003 autorizó a vender algunos relojes Jaques propiedad del Club. Todo se hizo bien al comienzo.
Pero en 2006 descubrieron un filón: ¿por qué no hacerle creer a un yanqui con mucho dinero que estaba en venta “uno de los relojes oficiales del match Capablanca – Alekhine , 1927 según información transmitida por socios de aquel entonces”? Sólo queda vivo Arón Schvartzman de los “socios de aquel entonces”: ¿Qué opinará de todo esto?
Lo más gracioso es que fueron dos los relojes que el Club vendió bajo esta modalidad, entrando miles de dólares en cada operación.
En el libro de reuniones de Comisión Directiva sólo se indica una vez en ese año –2006- que se trata la posible venta de un reloj antiguo, sin mayores detalles.
En el libro de Asamblea General de ese año no se expresa nada sobre el asunto.
En los libros contables no se expresa debidamente el detalle de lo operado y la entrada de dinero se camufla como “donación”.
¿Qué me puede decir, Sr. Güelman?
¿Cómo hace firmar al ordenanza como “historiador del Club Argentino de Ajedrez”?
¿Cómo pudo usted mismo al firmar estos escritos manchar su sacrosanta “investidura” de Presidente de nuestro amado Club Argentino de Ajedrez?
¿Por qué no hace públicas en los documentos oficiales de nuestra Entidad estas operaciones?
¿Nunca rinde cuentas usted?
¿Cree que puede hacer lo que le venga en gana con personas y bienes y salirse siempre con la suya?
Sr. Güelman: le recomiendo que lea “Macbeth” de Shakespeare.
Señores miembros de la Comisión Directiva, les cabe deslindar responsabilidades sobre estas dos operaciones: por sobre todo ante los socios; después, ante sus conciencias.
Soy socio del Club Argentino de Ajedrez desde el 13 de mayo de 1979. Jamás vi un panorama tan sombrío: no creo que desde su fundación haya pasado algo tan vergonzoso.
El cadáver de lo que fue una de las mejores bibliotecas de ajedrez del mundo y la venta de los dos “relojes del match Capablanca –Alekhine, 1927” marcan, cual hitos, el fin de una era dorada para nuestro querido Club.
Sólo cabe parafrasear al gran prosista argentino Claudio Javier Gonçalves:
¡Qué “inconducta notoria que engendró un escándalo sin antecedentes en desprestigio del Club!”
“¡Quedan ustedes debidamente notificados!”
Daniel Marcelo Alpern
Socio nº 11029
ACUERDO DE PARTES
En un todo de acuerdo con los emails intercambiados entre Jorge Güelman y Adrián Roldán, donde éste último ofreciera la oportunidad a Jorge Güelman de publicar en su sitio, AS21 – Ajedrez Siglo 21 (www.ajedrezsiglo21.com), una carta en carácter de “derecho a réplica” en respuesta a la nota publicada el 28 de febrero de 2008 en el mencionado sitio de Internet, bajo la denominación de “Güelmangate” conteniendo el “Reportaje a Daniel Alpern” y la “Carta de descargo de Daniel Alpern ante la Comisión Directiva del Club Argentino de Ajedrez”; como así también una carta en carácter de “derecho a réplica” en respuesta al reportaje a Arón Schvartzman publicado el 2 de marzo de 2008, Jorge Güelman hace entrega en este acto de los textos de sus dos notas, la cuales serán publicadas sin modificaciones dentro de las 24 hs. de su recepción.---
Se deja constancia que las cartas serán distribuídas a todos los listados de suscriptores de AS21.---
A tal fin, se firman dos ejemplares de un mismo tenor y a un solo efecto, en la Ciudad de Buenos Aires, a los 3 días del mes de mar zo de 2008.---
Firmado por Jorge Güelman y Adrián Roldán |
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