|
v
Playing Chess: A Study of Problem-Solving
Skills by Philip Rifner
El problema que tenemos con
todos estos trabajos es que están pensados desde otros paradigmas teóricos,
que no son los que circulan entre los profesionales de nuestro medio.
Investigan aptitudes espaciales, velocidad perceptiva, razonamiento,
creatividad e inteligencia general, para citar solo una de ellas.
Parecen ser estudios exitosos,
pero en ningún caso se cita que alguna de estas experiencia haya desembocado
en una enseñanza sistemática del ajedrez a alumnos de escuelas. Surge
una pregunta casi obligada; ¿por qué si este juego ha demostrado ser
provechoso, no tenemos noticias de desarrollo alguno en estos
lugares? Podríamos suponer que estaban pensados mas desde un aspecto
científico que desde una óptica educativa.
Y esa visión docente es la que nos obliga a pensar la situación
desde otro ángulo.
Cuando nos preguntamos para qué enseñamos ajedrez
en las escuelas y decidimos el perfil de la actividad, nos corremos
del lugar del ajedrez deportivo, del que intenta sacar campeones,
aquel donde el triunfo es el único objetivo, o del lugar de un
investigador, que desea confirmar o desechar una hipótesis.
Este
cuestionamiento acerca del para que enseñamos ajedrez en las escuelas
da origen a la ficción orientadora que, según creo, es la mas original,
la mas novedosa respecto a las miradas anteriores. Esta ficción orientadora
podría expresarse en estos términos: Para nosotros, el juego de ajedrez
es una herramienta para que los alumnos ejerciten su capacidad
de analizar racionalmente, para que aprendan a pensar desde el lugar del otro, del contrincante,
y asuman las bondades o defectos de cada jugada, por haber sido esta
una decisión propia.
De
esta manera, con el ajedrez escolar, intentamos convertir al tablero
y a las piezas en una maqueta para la toma de decisiones.
Podría agregar algo que se desprende de lo anterior,
y que está relacionado con la violencia. Partiendo de la base de que
la violencia surge cuando no hay lugar para la palabra, sería necesario
detenerse a pensar, y poner palabras donde no las haya, para evitar
los actos violentos. La práctica del ajedrez, que es un universo simbólico
similar a un lenguaje, opera de una forma semejante. Hemos observado
que en escuelas donde se manifiestan altos niveles de agresión, la introducción
del ajedrez, entendido como un elemento capaz de canalizar estos impulsos
a través de un juego simbólico, logra transformar esta agresión en agresividad
simbolizada. La propuesta
es ofrecer un nuevo escenario, el tablero y las piezas, para intentar hacer aparecer allí todos los impulsos agresivos que habitualmente
se manifiestan a través de lo corporal.
¿Cómo es pensar al ajedrez como una herramienta
educativa? ¿Cómo damos
sustento teórica a nuestra práctica cotidiana?
Miguel Soutullo, en El Ajedrez en la Escuela,
hace una interesante aproximación
de las consecuencias de pensar al ajedrez desde el constructivismo:
v
“Concepción
Evolutiva: si el razonamiento del alumno de complejiza de manera
progresiva debemos definir entonces cuáles son los contenidos que se
pueden aprender en determinado momento”
Esto es sumamente importante para no perder el interés del grupo
y para no caer en la tentación de seguir el ritmo de los más rápidos,
perdiendo el interés de la mayoría.
Esta concepción suele recibir críticas del ámbito deportivo,
ya que este tiene la mirada puesta en el alto rendimiento, y suele costarle
comprender que para nosotros el ajedrez, no es un deporte, sino una
herramienta educativa, destinada a que ejerciten su razonamiento, y
que la idea es que todos lo hagan, no solo los que obtienen mejores
resultados.
v
“El
concepto del error: El error ya no debe ser considerado necesariamente
como una falla en el aprendizaje, sino como un dato importante sobre
la lógica del alumno, y debe ser utilizado para comprender mejor el
proceso de enseñanza-aprendizaje.”
El error en el ajedrez tiene un carácter eminentemente constructivo,
ya que es la contrastación de la hipótesis elaborada.
v
“El
pensamiento como internalización de las acciones: Así comprendemos
que el alumno, más que estructurar su pensamiento por lo que es explicado
desde el exterior, lo hace a través de su experiencia en el juego”
v
“El
egocentrismo: Hace que el niño otorgue mayor importancia a sus piezas
o a sus posibilidades, y valore poco las amenazas o los planes del oponente”
La práctica del ajedrez invita a preguntarse sistemáticamente
cuál es el plan del otro. Esta particularidad del juego creo que es
una de sus virtudes más importantes. Poder lograr que un niño piense
desde el lugar del otro es una meta importante.
El de Soutullo es un intento
serio de justificar el ajedrez desde una óptica piagetiana, al que volveré
mas adelante. Antes de seguir debemos saber que hay un antecedente muy
importante en el sentido de estudiar el pensamiento ajedrecístico desde
un enfoque constructivista.
Entre 1980 y 1984 se desarrolló
en Venezuela lo que se llamó Proyecto Ajedrez. Un trabajo conjunto del
Ministerio de Educación. y el Ministerio para el Desarrollo de la Inteligencia.
La iniciativa surgió por
parte del Ministro, Dr. Luis Alberto Machado, quien sugirió la idea
de que los procesos desarrollados a través del ajedrez podrían ser aplicados
a situaciones extra-juego, en calidad de transferencias.
El principal marco teórico del Proyecto Ajedrez tiene su origen
en el trabajo sobre “La Formación del Pensamiento Ajedrecista” (Edelmira
García La Rosa, 1979), realizado en la Universidad Central de Venezuela.
¿Existe un pensamiento ajedrecista? Veamos que dice Edelmira
Garcia La Rosa, coordinadora del proyecto y su investigadora principal.
“El pensamiento ajedrecista
no revela sólo el aprendizaje o la práctica de un juego social, es además,
una forma de pensamiento que surge por intermedio de las vías de aprendizaje
y práctica, que alcanza niveles de abstracción crecientes y evoluciona
paralelamente al pensamiento habitual
Se requiere decir que el pensamiento ajedrecista evoluciona en
un continuo de seis edades. Cada edad está conformada por cinco categorías
de variables, las cuales se diferencian unas de otras por la transformación
cualitativa y paulatina de las variables categorizadas, desde el nivel
más rudimentario hasta el mas complejo o, en otros términos, desde su
ausencia, nacimiento y noción final”.
Mas allá de entrar en la
discusión de si existe un pensamiento ajedrecista que evoluciona paralelamente
o no, el intento de trazar
una evolución posible a través de variables como nivel de interacción,
función y formación de ideas,
pensamiento estratégico, noción de espacio y noción de tiempo,
es muy valioso en términos de poder hacer alguna aproximación teórica
por fuera de las investigaciones psicométricas de los neo-conductistas,
también presentes en el trabajo citado.
Este estudio de los efectos
del ajedrez sobre una muestra de estudiantes venezolanos,
concluía diciendo que “El ajedrez metodológicamente impartido
parece ser u sistema de
incentivos suficientes para influir positivamente en la inteligencia
humana normal. El pensamiento ajedrecista se basa en procesos estratégicos
transferibles a soluciones extra-juego. La transferencia de procesos
ajedrecísticos requiere inducción, toma de conciencia y práctica sistemática
para la permanencia a largo plazo. El ajedrez ha tenido muchas definiciones
a través de la historia, se le ha examinado como un arte, una ciencia,
un deporte, un entretenimiento. Aquí se concluye que el ajedrez
es un ejercicio mental de procesos estratégicos, en forma de juego”
Resulta interesante, de la
conclusión anterior, el concepto de toma de conciencia, que nos sitúa
en lo que Piaget llamaba “toma de conciencia de sus conductas”, en función
de observables registrados tanto sobre los objetos (resultados de la
acción) como sobre los movimientos del propio sujeto. Lo que Piaget
describe en “La Toma de Conciencia” (Morata,1974) se asemeja, en teoría,
a lo que puede ocurrir cuando un niño juega al ajedrez.. Si bien las
experiencias en las que se basa son precisiones de las acciones sobre
objetos (lanzamiento con honda, choque de bolas, etc), cuando llega
a la toma de conciencia de la seriación dice “En el caso de las acciones
particulares de naturaleza causal, su acierto precede, generalmente,
a su toma de conciencia, y la conceptualización que esta última constituye
(y que comienza a partir de los resultados del acto) es a menudo deformante,
porque está sometido a ideas preconcebidas, que influyen en la lectura
de los observables actuales. En cambio, las coordinaciones que llevan
a corregir esa lectura conceptualizada y rebasarla en el sentido de
la explicación, sacan sus elementos de salida de las coordinaciones
generales de la acción, por una abstracción reflexiva cuyos orígenes
pueden escapar a la conciencia, interviniendo, en desquite, en las reorganizaciones
reflexivas a las que esa abstracción y esas coordinaciones llevan.”
El análisis de estos conceptos excede holgadamente la pretensión
de este trabajo, pero constituyen un aspecto interesante del problema,
y un posible abordaje del mismo.
Volviendo al trabajo de Soutullo El Ajedrez en la Escuela,
y en cierta medida relacionado con lo anterior, veamos la definición
que este hace noción. “Podemos definir el término noción como una estructura
en la que se insertan los contenidos que se aprenden o elaboran. También
se relacionan con las nociones las habilidades que el niño utiliza en
el juego. El desarrollo de las nociones que tienen que ver con el ajedrez
marcan la evolución en el nivel del juego.
Por otra parte debemos pensar que la evolución de las estructuras
se produce a través de crisis que ocurren en las ideas que el niño posee
y que al ser realizadas en la práctica no dan los resultados esperados.
Por ejemplo, si un alumno juega a comer y su rival luego de unas
jugadas le da jaque mate, esta experiencia repetidas varias veces hará
entrar en crisis la idea de que lo importante es comer y comenzará a
aparecer la nueva idea de que lo importante es dar jaque mate. Este
proceso demostrado en algo tan importante como el objetivo del juego
debe ser repetido con prácticamente todas las ideas que maneja el niño
en el juego.”
Soutullo define cinco nociones o estructuras que
para él forman parte en el proceso analítico del juego. Estas son:
v
Noción
de objetivo del juego.
v
Noción
del análisis de la posición.
v
Noción
de la relación entre las piezas.
v
Noción
de la percepción del movimiento del oponente.
v
Noción
de la percepción del tablero.
Al igual que en el trabajo
venezolano de Edelmira García La Rosa selecciona alguna variables y
las estudia a través de su desarrollo evolutivo. Las nociones propuestas
son estudiadas a través las etapas que atraviesa el alumno en su
aprendizaje del juego, la del mover las piezas, la de capturarlas, la
de hacer jaque mate y la del equilibrio.
Aquí podríamos objetar estas
etapas, sugerir algunas intermedias, como cuestionar las seis edades
en la que García La Rosa divide la evolución del pensamiento ajedrecista.
Pero parece más interesante comparar lo que ambos autores han considerado
relevante a la hora de estudiar la influencia del ajedrez en los niños.
Recordemos las variables
que elegía la autora venezolana:
v
Nivel
de interacción.
v
Función
y formación de ideas.
v
Pensamiento
estratégico.
v
Noción
de tiempo.
v
Noción
de espacio.
Podríamos decir que existe una relación entre
su nivel de interacción, que va del egocentrismo a la comunicación recíproca
en al análisis de problemas, y
la noción que los chicos poseen de cuál es el objetivo del juego.
Seguramente la interacción se plantea en términos desiguales
cuando juegan con distintos
objetivos, como cuando manejamos rudimentariamente un idioma y debemos
hablar con una persona cuya lengua natal sea ese idioma. La interacción
que puede plantearse en ambas situaciones es muy precaria.
La función y formación de ideas venezolana evoluciona
desde la construcción de modelos de acción interna, representaciones
estáticas, representaciones dinámicas, pensamiento reversible, pensamiento
sistemático y combinatorio hasta el pensamiento formal.
Creo que seria forzado suponer que la noción del argentino Miguel
Soutullo de Análisis de la Posición hace referencia a lo mismo, ya que
para él es una noción que va de lo simple a lo complejo, que es una
especie de puerta de entrada ya que está muy ligada a los contenidos
propios del ajedrez, y cada contenido se incorpora a su análisis a través
de esta noción. En este
caso parece que hay pocos puntos en común entre ambos conceptos.
El pensamiento estratégico de Edelmira La Rosa
hace referencia a la capacidad del individuo de planificar su acción.
En este caso la variable elegida la podemos relacionar con varias
de las nociones de Soutullo, pues para poder planificar hace falta poner
en juego una completa percepción
de la relación entre las piezas, una clara percepción de los movimientos
del oponente (los mejores, sin la ingenuidad inicial) y una objetiva
percepción del tablero.
La
percepción del tablero y la noción de espacio son conceptos muy similares,
y ambos hacen referencia a como es percibido y construido el espacio,
primero en forma restringida a la zona donde hay algún interés especial,
para ir evolucionando hasta tener una completa noción de la posición
espacial. Podría pensarse
que el tablero se va construyendo a medida que los elementos concretos
que lo ocupan, las piezas, se van desplazando sobre él, como dándoles
sentido al convertirse en su camino, colaborando en su construcción
al pasar y ocupar sus casillas.
La
noción de tiempo, fundamental por su particular alternancia en el ajedrez
como en otros tantos juegos, se va construyendo, desde su ausencia hasta
tener una noción de tiempo reversible. Lo mas parecido a esto que encontramos
en el trabajo argentino, es la percepción del movimiento del oponente.
Quizás sea aquí donde más se patentice la diferencia que existe entre
un trabajo de investigación, a escala ministerial, con las exigencias
que eso implica, y una obra surgida de la práctica de años, surgida
de la práctica en el aula y el contacto constante con alumnos.
Soutullo describe perfectamente lo que vemos en nuestra práctica
cotidiana. Dice “En un primer momento realiza su movida sin pensar lo
que responderá su rival. Luego percibirá la respuesta si ésta está relacionada
con una captura. Luego piensa la movida del rival relacionándola con
una propia, pero subestimando la jugada del rival. Luego va dándole
mas lógica al movimiento del otro, para finalmente poner la misma rigurosidad
lógica en la movida propia con la del oponente, dejando de suponer que
el otro va caer en una simple celada.
La
posibilidad que ofrece el ajedrez de poder anticipar las jugadas, tanto
propias como del otro, lo convierte en un ejercicio constante del pensamiento
anticipador. De hecho,
jugar bien al ajedrez significa poder calcular el mayor número posible
de jugadas, poder viajar en el tiempo hacia adelante,
poder prever nuevos escenarios, que re-signifiquen el valor y
la ubicación de las piezas en esa futura posición.
La
construcción teórica que requiere una experiencia educativa innovadora,
como el caso del ajedrez escolar, no se hace de la noche a la mañana.
Debe ser el producto de un esfuerzo importante, en el que estamos dando
los primeros pasos.
Este
trabajo no pretende dar una justificación cerrada de lo que es, ni de
lo que debería ser el ajedrez en la educación. Apunta a mostrar algunos
desarrollos teóricos que podrían ser profundizados, o que al menos nos
debería servir de disparadores para poder pensar la cuestión. Los dos
analizados son excelentes modelos de una visión constructivista del
ajedrez escolar.
El
valor formativo del ajedrez,
mas allá de la opinión que podamos tener quienes lo enseñamos, está
reconocido en el Diseño Curricular de 1981. Al hablar del conocimiento
como aprehensión de estructuras,
en su enfoque psicopedagógico, parágrafo 3.3. dice “Los fenómenos
de la realidad están relacionados de algún modo, siguiendo determinadas
leyes. Es decir, forman estructuras, que, si bien pueden parcelarse
en un momento del proceso del conocimiento para su mejor estudio (análisis),
deben ser aprehendidas como totalidades. Conocer algo significa, en
primer lugar, tomar conciencia de esas relaciones, definirlas, reconocerlas
en múltiples casos. Reconocer, en fin, qué conservan cuando se transforman
y qué cambia en lo que conserva.
El ajedrez, juego de gran valor formativo, brinda un buen
ejemplo de lo dicho: una partida es una estructura móvil regida
por un conjunto de reglas. Quien la observe podrá ir descubriendo esas
reglas, si toma en consideración las múltiples relaciones establecidas
sobre el tablero (unidad espacia), durante un determinado lapso (unidad
temporal). En cambio, no podrá lograr lo mismo quien tenga una visión
aislada de cada movimiento. Así es, por otra parte, como juegan, por
razones evolutivas, los niños hasta aproximadamente los 8 o 9 años.
Cada movida vale por sí misma, para comerle la pieza al otro. .............Pero
en la medida en que se facilite su acceso al juego, se verá también
facilitado el proceso de maduración, la reflexión sobre su actividad,
la coordinación de las relaciones y, en última instancia, el aprendizaje.
Estas consideraciones acerca de la índole del conocimiento valen
como sustento de un enfoque didáctico básico para todas las áreas del
currículo: desde el aprendizaje de las operaciones aritméticas, hasta
la comprensión de los procesos históricos, desde la definición de sistema
biológico hasta la aprehensión
de las estructuras del discurso lingüístico.”
La
ficción orientadora de dar un sustento teórico a nuestra actividad,
de poder tener alguna base científica
para nuestros supuestos ya está presente.
Tenemos la firme convicción de que nuestra tarea es beneficiosa
para la población que la recibe y para su entorno. La realidad nos lo
demuestra cada vez que convocamos a participar de alguna actividad (torneos,
simultáneas en la vía pública, etc.) logramos una masiva concurrencia.
Padres y equipos de conducción también perciben que esta actividad es
significativa para el desarrollo de los niños, y nos lo hacen saber
constantemente..
Esperamos
poder seguir estudiando y trabajando sobre el tema para poder profundizarlo.
Daniel
Justel
BIBLIOGRAFÍA:
v
PROYECTO
AJEDREZ, Estudio de sus efectos sobre una muestra de estudiantes venezolanos,
Edelmira García La Rosa,
Ministerio de Educación de Venezuela
Ministerio para el desarrollo de la Inteligencia de Venezuela,
Caracas 1984
v
EL
AJEDREZ EN LA ESCUELA, Miguel Soutullo, Ed. Novedades Educativas, Buenos
Aires 2000
v
LA
TOMA DE CONCIENCIA, Jean Piaget, Ed, Morata, Madrid 1976
v
LA
INVENCIÓN DE LA ARGENTINA, Historia
de una idea, Nicolás Shumway, Ed. Emece, 1993
v
“ORIENTACIÓN
EDUCATIVA” RECREANDO ESTRATEGIAS EN EL 2000,
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2000
v
TALLER
DE AJEDREZ, una propuesta de trabajo, Gustavo Aguila, Marcelo Reides,
Marisa Calello, Ed Siete Colores, Buenos Aires, 1993.
v
LA
CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD, Berger yY Luckman,
1966.
v
EL
AJEDREZ Y EL RAZONAMIENTO INFANTIL, Eduardo Carrancio, Administración
Nacional de Educación Pública de la República Oriental del Uruguay,
1994
v
DISEÑO
CURRICULAR, Secretaría de Educación M.C.B.A., 1981
|